Hemos tardado mucho en volver a escribir. Las últimas semanas de trabajo y el posterior viaje por el Estado de Bahia nos han tenido muy entretenidos. Es con esta entrada que despedimos esta aventura, con el futuro incierto pero la ilusión intacta.
Las vacaciones en modo 'mochilero' nos reconciliaron con un Brasil traicionero. El Estado de Bahia (o su mayor parte conocida), aparentemente ajeno a la 'revolución económica' del país, conserva ese espíritu descendiente de África que combina ritmo, sabor y naturaleza. Nuestro recorrido empezó y acabó por Salvador de Bahia. Entre medio, pasamos por el Morro de Sao Paulo, la isla de Boipeba, la Chapada Diamantina e Imbassai.
Una ruta mucho más corta que lo previsto inicialmente pero mucho más intensa también. Para recorrerla utilizamos todos los medios de transporte posibles, sumando así en el total de nuestra aventura brasileña y con excepción del tren (un gran clásico para Europa) hasta 10 distintos (coche, moto, buggy, bus, avión, van, tractor, barco, lancha, bicicleta). La inseguridad nos acompañó en los días de Salvador, algo que condicionó bastante nuestra visión de la ciudad. Suerte que quedó compensado con las paradas siguientes. El Morro de Sao Paulo nos dejó una sensación agridulce. La belleza natural mezclada con el exceso de negocios que la desvirtúan convierten este punto en un rincón artificial, propio de cualquier parque de atracciones. Sin embargo, su vecina isla de Boipeba, unos pocos kilómetros más abajo, es todo lo contrario. Un paraíso terrenal protegido por un multimillonario italiano (dueño de media isla) del ánimo de lucro de europeos y brasileños. Sin sucursales bancarias ni calles asfaltadas (ni tampoco vehículos en circulación), la isla toma forma de refugio en la cuál la única distracción propia es perderse por sus playas o escuchar el hilo musical del principal pueblo.
La Chapada Diamantina bien merece un párrafo aparte. A pesar de venir recomendado en la guía, nuestra ruta por el Estado no contemplaba un exilio del litoral. Pero, la efusiva recomendación de una viajera nos animó. Y vaya si merecía la pena salirse del mapa y del presupuesto! El trekking de 4 días por el Valle do Paty fue inolvidable, tanto por nuestro sabio guía Luiz Krug como por la experiencias vividas durante el recorrido de 75 kms. Se hace camino al andar y uno se dice que se vive tal y como se anda. Fue triste despedirse de todo ello pero es un regalo quedarse con el recuerdo del lugar y sus personas.
Para recuperar las fuerzas nos fuimos a la Costa dos Coqueiros, más exactamente a Imbassai. Un precioso Hostel alberguó nuestras últimas noches en el Nordeste. Su playa 'made in Brazil' salvó la triste imagen que nos dejó el proyecto TAMAR ubicado en Praia do Forte, otro pueblecito artificial. Horas de lectura y reposo (vida contemplativa básicamente) compaginadas con playa y bronceado ocuparon nuestro emploi du temps.
Ya de vuelta a Rio, turno de despedidas. Adiós a Rio sin faltar a nuestro primer Hostel y nuestro primer barrio, acompañados de Robert, 'invitado' de lujo por unas horas. Adiós a Arraial sin faltar a un día de buceo y a unas cervezas con los amigos. Adiós o hasta luego, sólo el tiempo lo dirá. En todo caso, nos damos por satisfechos. Dejamos amigos y una casa pero nos llevamos lo mejor de todo ello (y un idioma más). Nos vamos cargados de maletas y de nuevas ilusiones. Reencuentros con la familia, amigos y ciudad natal. Y un futuro por escribir.
Valeu gente, passa bem!