jueves, 17 de noviembre de 2011

Las dos medallas

Diez de la mañana. La ventana está abierta y por ella entra la luz del sol (esa luz natural que tanto llegamos a echar de menos en el piso de ‘Lapa’), el cante desafinado de una chiquilla de la generación de Justin Bieber y el sonido de “radio patio”, esa emisora internacional capaz de ser captada sin antena alguna. Sé que es jueves por que el portátil de Odette me lo chiva ahora, las semanas ya no se regulan para nosotros con el habitual orden. ‘Nous voilà’ de nuevo sometidos, por voluntad propia, a horarios “profesionales” un poco particulares. Odette sabe siempre a qué hora empieza (o más o menos, hoy se suponía que no trabajaba y ha llegado un ‘sms’ a las ocho de la mañana advirtiendo de lo contrario) pero casi nunca a qué hora acaba. Yo sí sé mis horas de entrada y salida pero no qué turno voy a hacer los próximos días.
He empezado a trabajar en el ‘Hi Hostel’ de Arraial. Me encargo de gestionar las reservas por ‘e-mail’ y teléfono, atender a los viajeros recién llegados y, en un futuro muy próximo, acompañarlos en las excursiones en ‘buggy’ y en las actividades organizadas por el Hostel (buceo, paseos de barco, surf, kayak, barbacoas y caminadas). Lo mejor de todo, ir a trabajar en bermudas y ‘havaianas’ (un sueño hecho realidad); lo peor, las picadas de mosquitos y el sueldo mínimo. Seamos justos, aunque ayude, no todo es dinero en esta vida. Ayer mismo tuve el placer de atender y conocer a uno de los huéspedes recién llegados, un asturiano de 36 años originario de Langreo, residente en Palma de Mallorca, que está atravesando Brasil de punta a punta en bicicleta de carretera. Venía de recorrer 180 kms. desde Campos (hoy mismo partía para recorrer otros 150 kms. hasta Nitéroi) en los cuáles tuvo tiempo de perderse dos veces, ser casi atropellado tres y tener como única acompañante la lluvia. Encontrarse con personas que han decidido tomarse el tiempo para ellos (porque pueden permitírselo o porque simplemente deciden sacrificar la comodidad en pro de la experiencia) es tremendamente satisfactorio.
Y todo ello justo ahora cuando empezaba a meditar seriamente el tomarme todos estos meses como meses sabáticos. Ya sabemos que el trabajo nos dignifica (o eso dicen por lo menos) pero ‘no fotem’, qué bien estaba el otro día pies descalzos, semi-desnudo, devorando páginas de lectura de narrativa de viajes, sentado en una escalinata y con el océano a mis pies, cerrando los ojos para atrapar con el pensamiento uno de esos instantes en los que la vida es pura celebración. Los dos primeros días de trabajo volví a casa bajo una lluvia intensa, recibiendo así una especia de señal divina. Ya lo dice un buen amigo de adolescencia: << te voy a dar 2 medallas, una por im….. y otra por si la pierdes>>!
J
Somos felices y os echamos de menos. Un abrazo!

martes, 8 de noviembre de 2011

Tranquilamente, arraialenses

Hace días que no hacemos ningún post, estamos acostumbrándonos a la vida pueblerina (e intentando dar con la estupenda conexión pública que se supone que hay en el paseo marítimo J).
Cuando llegamos a Arraial do Cabo, el piso nos pareció mucho mejor que cuando lo visitamos por primera vez. Tenemos luz natural en todas las estancias -parece una chorrada pero te cambia por completo la vida - y no se oye na’ de na’ por las noches. Vivimos en un conjunto de casas en el centro del pueblo que pertenecen a una misma familia: la abuela abajo, una de las hijas a un lado, otra en el otro, a lo largo del día nos vamos encontrando con diferentes personas que tienen el  mismo aire, las mismas facciones. Son muy amables con nosotros, tampoco les damos motivos para no serlo J Os dejo una fotitos para que veáis un poco cómo es.




Trabajo todos los días festivos y los fines de semana, y cuanto más se acerca el verano, más trabajo tengo. Incluso algún día doblaré el turno, lo que me hará trabajar doce horas al día en el barco. Pero con alegría, ya sabía de qué va lo de intercambiar trabajo por cursos… Bucear en Brasil vale lo mismo que en el resto del mundo pero para los “brasileños no ricos”, es carísimo. Un salario en una escuela puede rondar los 1000 y algo Reales y cualquiera de los cursos de buceo que componen toda la formación, vale prácticamente eso. Así que he escogido el camino más difícil pero con el que aprenderé más.
Me encargo de cargar todo el material, trajes, chalecos y cilindros, llevarlos al puerto, cargarlos en el barco y montarlos. De momento acompaño a la gente titulada que desea hacer buceos “de turismo”. Hago de guía y vigilo que nadie se pierda. Poco a poco, acompañaré a los instructores en los bautizos y otras tareas (además de practicar mis propias habilidades a medida que me vaya formando como Rescue Diver- buceadora de rescate). En tres días he visto muchos bichos, tortuguitas, sepias, morenas, Nemos, Doras y caballitos de mar! Las inmersiones por aquí no son profundas, al contrario de Calella, toda la vida está en los primeros 10m de profundidad. Me da para inmersiones de más de una hora, es estupendo! Después de bucear, de vuelta al puerto, descargar todo, limpiar y guardar. Cuando doble turno, vuelta a empezar; de momento, a las 4 de la tarde me puedo ir para casa.
El equipo es muy amable y me ayudan en todo. Soy la única chica y me tratan genial. Para los chicos del pueblo, convertirse en buceador profesional es una oportunidad muy buena para dejar atrás las malas compañías y los malos hábitos. Es como una especie de programa social que, si están dispuestos a trabajar duro y a ser constantes, les permitirá hacerse con  una sólida profesión. Arraial vive esencialmente del turismo de buceo, cuenta con 11 operadoras y escuelas, y es el 2º punto del país.
Adrián se está acostumbrando al ritmo de pueblo. Está contento porque siente que ésta sí es la vida brasileña real, por fín. De paseos por aquí, de gestiones por allá. Y seguro que pronto, con trabajo.  Aquí van pictures de nuestros pirulos por el pueblo!





Ayer estuvimos  en Buzios que está a 45km de aquí; llegamos dos buses y una hora y media después. Buzios “apareció en el mapa” en los años sesenta, cuando Brigitte Bardot descubrió este pequeño paraíso al Este de Rio de Janeiro. Es un pueblo bonito, con calitas por todos lados, agua turquesa “a dojo” y mucha vegetación verde que te quiero verde (verde brasileño, que os aseguro que es uno muy concreto y vivo). Por lo demás es muy muy turístico, no sólo de vacaciones sino que también como segunda residencia de muchos Cariocas. Para daros un ejemplo, en pleno centro, están Pacha y Privilège Buzios.
Allá vive Rodrigo, compañero de facultad de Julián, el hermano de Adrián. Sus padres regentan un café en el centro; nos hizo de guía por el pueblo. El café fue fundado por sus abuelos que, viviendo en Rio, fueron a pasar unas vacaciones a Buzios hace más de treinta años. Al acabar la estancia, la abuela le dijo a su marido que ella no pensaba regresar a la ciudad, que se había enamorado de aquel lugar y que no se iría. El abuelo volvió solo a Rio y en seis meses, organizó la mudanza y cerró sus asuntos en la ciudad. Menuda historia, os da una idea de lo maravilloso del lugar. Fue un día completito y disfrutamos de ver cositas que en Arraial no tenemos, por ser menos turístico y atraer gente por motivos diferentes.
Os dejo con algunas pictures del día… Cuidaros todos mucho, que por aquí, nos apañamos los dos juntos y bien!
Petonsss