Estaba claro. Puestos a cruzar el Atlántico, a querer vivir a la brasileña, a querer tener un cocotero como principal monumento de nuestra población, hemos decidido irnos de la Cidade Maravilhosa. La segunda ciudad más poblada de Brasil ofrece muchas ventajas y oportunidades pero no acabábamos de sentirnos del todo a gusto como habitantes.
Nuestro destino es Arraial do Cabo, un pequeño pueblo situado a unos 150 km de Rio de Janeiro, dentro del mismo estado en dirección este. Pasamos de un piso amueblado de una habitación y dentro de un bloque de viviendas, a un apartamento amueblado también, de dos habitaciones y dentro de un complejo de casas familiares. Pasamos de uno de los barrios y calles más populares de Rio, Lapa y su longitudinal Mem de Sá, a un barrio no menos “popular” pero de cariz residencial. Por la mitad de precio, terracita con mesa, sillas y derecho a sol incluido. Todo muy humilde y de dudoso gusto, pero con un marco y una ubicación inmejorable.
Nos espera el verano pues y el inminente desembarque de “citadins” brasileños, puesto que al contrario de Búzios, el lugar es muy frecuentado por turistas también, pero nacionales. Caldo de cultivo para Odette, quién va a lidiar con todos ellos en aguas del Atlántico, a cambio de sus cursos de buceo y profesionalización. Saldrá exitosa de este reto, como siempre. À suivre donc, mes chers amis…
Un abrazo a todos.
Et bien, ouiiiii! Estamos quemando los últimos días en la ciudad porque Arraial es muchísimo más tranquila. Para que os hagáis una buenísima idea: sólo tiene un bar nocturno para las tan necesarias cervejinhas veraniegas.
Estoy loca de contenta, hace tiempo que pienso en bucear: desde que, con Alba, conocimos a Ana en Tailandia. Ella había aprendido a nadar con casi 30 años y, a los 36, se puso a bucear. A día de hoy, es instructora. Tengo la sensación de que hay oportunidades que sólo vienen una vez! :)
Ayer por la noche, nos acostamos muertos de cansancio y al cabo de una horita nos despertamos los dos con marcas rojas y picantes por el cuerpo. En Rio, hay mosquitos pero en casa no solemos tener y, al encender la luz, ni rastro de ellos. Llegamos a la conclusión de que la ropa que traíamos de la lavandería, limpita y suave, había adoptado unos nuevos inquilinos. Yo no soy muy entendida en bichos pero me puedo imaginar chinches y pulgas (y todos los que no conozco) de paseo por nuestras sábanas… Dios, qué picor!!!!!
Para rematar, a las 3 de la mañana, en nuestra querida calle Ubaldino do Amaral siguen las obras (de hecho, siguen en toda la ciudad día y noche). En la esquina en cuestión, hay un bar que acoge las 24h a todo el personal del barrio. Total, mientras un par de obreros seguían con su faena nocturna, los coleguitas estaban tomando birras alrededor de la obra. Un estampa de lo más cómica. Si alguna vez os asqueáis de alguna tarea en la ofi, llamad a los colegas para que se vengan a birrear! Seguro que se os hace la tarea mucho más liviana…
A veure si aquesta nit, nos ens pica tot. Hem comprat llençols nous, a veure si els inquilins no han passat a viure al matalàs… :S
Petonspetonssssss