Diez de la mañana. La ventana está abierta y por ella entra la luz del sol (esa luz natural que tanto llegamos a echar de menos en el piso de ‘Lapa’), el cante desafinado de una chiquilla de la generación de Justin Bieber y el sonido de “radio patio”, esa emisora internacional capaz de ser captada sin antena alguna. Sé que es jueves por que el portátil de Odette me lo chiva ahora, las semanas ya no se regulan para nosotros con el habitual orden. ‘Nous voilà’ de nuevo sometidos, por voluntad propia, a horarios “profesionales” un poco particulares. Odette sabe siempre a qué hora empieza (o más o menos, hoy se suponía que no trabajaba y ha llegado un ‘sms’ a las ocho de la mañana advirtiendo de lo contrario) pero casi nunca a qué hora acaba. Yo sí sé mis horas de entrada y salida pero no qué turno voy a hacer los próximos días.
He empezado a trabajar en el ‘Hi Hostel’ de Arraial. Me encargo de gestionar las reservas por ‘e-mail’ y teléfono, atender a los viajeros recién llegados y, en un futuro muy próximo, acompañarlos en las excursiones en ‘buggy’ y en las actividades organizadas por el Hostel (buceo, paseos de barco, surf, kayak, barbacoas y caminadas). Lo mejor de todo, ir a trabajar en bermudas y ‘havaianas’ (un sueño hecho realidad); lo peor, las picadas de mosquitos y el sueldo mínimo. Seamos justos, aunque ayude, no todo es dinero en esta vida. Ayer mismo tuve el placer de atender y conocer a uno de los huéspedes recién llegados, un asturiano de 36 años originario de Langreo, residente en Palma de Mallorca, que está atravesando Brasil de punta a punta en bicicleta de carretera. Venía de recorrer 180 kms. desde Campos (hoy mismo partía para recorrer otros 150 kms. hasta Nitéroi) en los cuáles tuvo tiempo de perderse dos veces, ser casi atropellado tres y tener como única acompañante la lluvia. Encontrarse con personas que han decidido tomarse el tiempo para ellos (porque pueden permitírselo o porque simplemente deciden sacrificar la comodidad en pro de la experiencia) es tremendamente satisfactorio.
Y todo ello justo ahora cuando empezaba a meditar seriamente el tomarme todos estos meses como meses sabáticos. Ya sabemos que el trabajo nos dignifica (o eso dicen por lo menos) pero ‘no fotem’, qué bien estaba el otro día pies descalzos, semi-desnudo, devorando páginas de lectura de narrativa de viajes, sentado en una escalinata y con el océano a mis pies, cerrando los ojos para atrapar con el pensamiento uno de esos instantes en los que la vida es pura celebración. Los dos primeros días de trabajo volví a casa bajo una lluvia intensa, recibiendo así una especia de señal divina. Ya lo dice un buen amigo de adolescencia: << te voy a dar 2 medallas, una por im….. y otra por si la pierdes>>!
J
Somos felices y os echamos de menos. Un abrazo!
Adri! Me encanta como escribes! Y lo mejor es que transmites una felicidad por todo lo que estás viviendo, es impresionante! Sigue sigue! Sean felices! Un besazo para los dos!
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